Si Madre me dice:
Regresa solo cuando Ricardo se haya ido.
Debo salir a mataperrear, a casa de Gloria o con las chicas debajo del puente.
Por nada del mundo debo hacer que Madre se moleste. Pero me demoro: en el baño, comiendo, me demoro porque quiero ver al chico punk, quiero ver su sonrisa, su delgadez.
Madre insiste en que debo apurarme. Apúrate, no quiero que Ricardo se tope contigo, pero me demoro, apúrate, en el baño. Apúrate, comiendo. Apúrate, me ordena. Pero me demoro… Apúrate cojones. Me agarra por el brazo, me zarandea. Ahora no vas a comer un carajo, lanza al patio el plato con mi comida. Apúrate y sal de esta casa antes que te reviente.
Pero llega él con su sonrisa, con su pelado punk, con su delgadez que se marca en sus camisetas negras.
Mi amor, que bueno que llegaste, lo besa en la boca. El niño ya se va. Y el chico me mira y sonríe.
Si Madre me mira con esa mirada, debo apurarme, salir y regresar solo cuando el chico punk ya no esté.
Las chicas hablan de chicos, de besos debajo del puente. Las chicas me miran y yo en silencio las escucho. Nunca digo nada; ellas tampoco preguntan.
Yo imagino al chico punk abordarme debajo del puente, veo mis manos corriendo por su abdomen liso y marcado. Las chicas a veces me miran en silencio; tampoco dicen ni insinúan nada.
Llegar a casa antes que el chico punk se haya ido es peligroso. Sin embargo, a veces lo hago, quiero ver al chico en calzones, con sus argollas en las tetillas; fantasear con sus tatuajes.
Creo que el chico también lo sabe. Cuando Madre no ve, se acerca y me acaricia el cuello, la nuca, acerca su cabeza a mi oreja y siento su respiración mientras el fuego por dentro se expande.
Si Madre le dice:
Deja al niño tranquilo.
Él debe soltarme, vestirse e irse. Cuando Madre no le dice nada, él besa mi mejilla. Un beso mojado y corto. Entonces el fuego me consume por dentro.
Madre también lo supo desde el principio. A veces no dice nada, va al cuarto y se toma un par de pastillas o tres, para dormir toda la noche.
Pero si Madre no toma sus pastillas me dice:
Tú vas a ver, maricón, cuando vuelva a agarrarte mirando a mi novio te voy a reventar.
Debo ir enseguida a la cama, agazaparme. Pedir que a mitad de la noche no se levante muy molesta, dispuesta a reventarme.
Gloria es la tía de Madre. Cuando no estoy mataperreando o debajo del puente con las chicas, voy a lo de ella. Si Gloria dice:
Debería denunciar a esa hijaeputa. Debo abrazarla fuerte. Decirle:
No, Gloria, no, es mi madre.
Luego la miro como mismo a veces miro a Madre cuando me dice que me vaya, que me apure, cuando la veo botar mi comida en el patio. Cuando la veo agarrarme del brazo y lanzarme fuera de casa cuando llega el chico punk. Cuando me grita:
Maricón, te voy a reventar. Menos mal que ni padre tienes porque ese no aguantaría tu flojera.
Pero Gloria cocina para mí, me abraza y me pide que me quede a dormir. A veces lo hago. A veces no puedo.
Porque si el chico punk trae los ojos bien abiertos, aunque Madre me diga:
No regreses hasta que Ricardo se haya ido. No regreses maricón que te voy a reventar. Esta vez de seguro que sí lo hago.
Ese día debo inventarle algo a Gloria para llegar temprano a casa. Si llego muy tarde veré a Madre en el suelo y el muchacho punk pateándola. Por suerte he medido el tiempo para llegar en medio de las bofetadas, los puñetazos, los gritos.
Si el chico punk le dice:
Vieja puta, no sé cómo te metes conmigo. Deberías agradecer que un tipo joven como yo esté dispuesto a templarte.
Entonces yo corro hacia ella a abrazarla fuerte.
Aunque Madre diga:
No te metas, niño estúpido. Esto no es problema tuyo. Lárgate a lo de Gloria.
No debo irme, aunque Madre puede molestarse, debo quedarme, prenderme fuerte de ella.
Vete, niño, desaparece de mi vista. Deja que Ricardo se vaya, que te voy a reventar para que aprendas a no desobedecer.
Entonces el chico punk desiste de agarrar el cuchillo con el que otras veces la ha amenazado, y se va.
Madre se incorpora con dificultad y luego se aleja. El labio roto, moretones en las mejillas y sangre en las cejas. Nada alarmante esta vez. Ni fuerzas le quedan para gritar, discutir ni amenazar.
Solo me mira y se va a la cama.
Yo no puedo dormir, no debo hacerlo. El chico punk podría regresar a mitad de la noche y Madre levantarse muy molesta, esta vez dispuesta a reventarme.
En portada:
Ariel Fonseca Rivero