Foto tomada de internet
Poesía

Gruñidos, silbidos, gemidos, ladridos, gritos, y de nuevo gruñidos…

Roberto Méndez

para Ryan Gander por la muestra imposible en Cáceres

 

 

cuidado al entrar con las sillas heladas

las sillas volcadas

los muebles con una costra terciopelo

de nieve que oculta los gritos

cada bola dispersa

tiene en sí el océano

cada texto escrito

con letra pequeña

como un contrato

de ocultas maldades

tiene los mismos trazos

que el texto total

empujar unas sobre otras

es como mezclar

Coran y Evangelio

Zohar y Sermón del fuego

cábala infinita


un espejo a medio velar es signo peligroso media imagen medio reflejo conducta escindida un trozo del pecho devuelto por la luz mitad del alma en sombra los escolares indiferentes no se preguntan por el trozo oculto bajo la sábana como no inquieren sobre lo sagrado del trazo negro o las esculturas hundidas en la meditación que no tiene aristas pero sí limites por favor un brochazo negro hay que detener la helada el roce superficial con la superficie hermosa las bolas indican un orden pero nadie lo descifra un nuevo mundo no necesariamente mejor


en la sala oscura

hay un auto

apresado

escarchado

a punto de

hundirse

en el lago

que es reino de nieve

nadie

ni el espectador

puede socorrerlo

lo peor

es seguir escuchando

esa voz infantil

que relata

el suceso improbable

es un clamor

insistente

torpe

que acaba por

hacernos abandonar

a los tripulantes

a su suerte

horror

a su segura muerte


este es el salón de las vanidades perpetuas el purgatorio de los célebres los hermosos los que iban al vernissage con una botella de Pinot en la chaqueta apresados Christo y Lennon Beauys y Calatrava Picasso y Jover Ryan mismo debe confesar para salvarse que soñó con la galería burbujeante el festival de los selectos con el derroche de rojos azules mostaza que solo el acrílico puede regalar asombrosos mediáticos fríos y vacíos entrevistados por Vanity Fair o calculados en Forbes pétreo salón donde agonizan y la carcoma roe el reverso de los carteles festival de lo que no pudo ser no fue aunque no quieran aceptarlo


un visitante

—un habitué—

acostumbra

a poner los ojos

en la pared

no a que surja

del muro

un par de ojos

que lo contemplen

con torpeza

con sueño

con leve

o desatada ironía

como miran

los bufones

sin cuerpo

de Gander

tendrán dientes los fantasmas

es válido preguntarse porque

si ellos pudieran morder

la carne de los vivos

nadie estaría a salvo

ni los alumbrados ni los demagogos

ni siquiera los artistas

culpables de perpetuar tales espectros

y además preguntarse

si son tangibles

el demonio

está en los detalles

 

al final cuando ya queremos huir de las salas de un blanco implacable descubrimos que donde debió estar el vacío perfecto hay un agujero  en la parte inferior de la pared justo sobre el zócalo un ratón ha roído toda la noche el muro y asoma con hipócrita reticencia la cabeza hacia el visitante lo peor no son sus ojos de topo ni la tenacidad con que vuelve el hocico a uno u otro lado atisbando la decadencia de todo el desorden que le permitirá reinar sin competencias sino que de alguna parte surge esa voz la que creímos antes de un niño relatando el desastre en la nieve monótona en su agudeza de sollozo en un mal filme el intruso que juzga al mundo la plaga que viene a advertir es el fin el fin no lo duden váyanse ya a la calle rueguen que Ryan no vuelva porque viene una inundación una tormenta la gran ola de Hokusai el quiebre apocalíptico con arcángeles en las torres después no digan que un ratón es decir un gran artista a su modo no supo advertirles a tiempo


Emma Pérez Téllez
Poesía
Por Emma Pérez Téllez

miedo

Texto tomado del libro "poemas de la mujer del preso", dedicado a su esposo el escritor Carlos Montenegro