El hombre ha construido dos mansiones,
que no me hallo en valor de visitar:
una es el Gran Recinto de Prisiones
y la otra… la otra el Hospital.
La cárcel debe ser tan rigurosa
y sombría: En toda ella la aspereza
debe alzarse maligna e impiadosa…
¡Tengo miedo de ver tanta tristeza!
Dicen que el hospital tiene gemidos,
que luces titilantes e imponentes
le imparten tenue claridad impía…
Temo al llegar allí ver inocentes
bañados por las lágrimas ardientes
de una madre infeliz ya muda y fría…
En portada:
María Dámasa Jova