Laura Ruiz Montes
Poesía

Arábigo

Laura Ruiz Montes

Era casi una niña mi madre cuando fue a las lomas de Oriente a recoger café. Llevaba el pelo corto y las piernas largas. Era tan inexperta que aún no sabía que el coronel Policarpo, en el 68, había dicho del negro Guillermón Moncada que era «bueno y bravo, y se puede confiar en él». Confiar en el «negro alto, delgado, de labio superior corto, dientes grandes y blancos, y cojo por las heridas», había dicho Céspedes.

Mi madre no sabía que el negro bravo también había andado por allí, en un campamento de nombre tan diminuto que no podía ser peligroso: Joturito, y que casi parecía dicho por los labios de un niño: Joturito.

O quizás, en verdad, no era ni siquiera un nombre, sino la manera dulce y frágil de llamarle a los niños en general: joturito, joturitos... o a ciertas criaturas: joturito, joturitos… o al negro Guillermón cuando era niño: Joturito Moncada, joturito...

Mi madre confió en las lomas y en los guajiros que le servían un plátano de desayuno y le alcanzaban una lata grande y brillante para ir a buscar agua al río. Mi madre fue feliz, sin saber que el joturito negro Guillermón había muerto por allí cerca.

Mi madre fue feliz tendida en la hamaca, pasando frío, aterrada ante los insectos y bichos del monte. Fue feliz sin mirarse una sola vez en el azogue de la lata. Regresó de madrugada, en un tren que estuvo detenido por horas para evadir el peligro de los asaltos, mientras ella, joven y bonita, se enroscaba entre sus piernas largas en el piso de uno de aquellos viejos vagones con olor a melaza.

Era casi una niña mi madre cuando fue a recoger café en las lomas de Oriente. Y lo siguió siendo cuando regresó y lo volvió a ser cuando, más de treinta años después, lloró al escuchar por la radio que solo entonces la luz eléctrica había llegado para iluminar Joturito.

Con más de setenta años mi madre sigue siendo tan bonita, tan niña, cuando deja la azucarera sobre la mesa para que yo endulce el café que hace años ella no toma, por la gastritis y el desvelo, tú sabes, pero sobre todo porque a los niños, a los joturitos, también lo sabes, nunca ha sido bueno darles tanto café.

Cubierta del poemario "Agua en canasta", de Laura Ruiz Montes

Cubierta del poemario "Agua en canasta", de Laura Ruiz Montes


Emma Pérez Téllez
Poesía
Por Emma Pérez Téllez

miedo

Texto tomado del libro "poemas de la mujer del preso", dedicado a su esposo el escritor Carlos Montenegro